POTENCIAL CLAVE DEL AGRO
Un informe académico estimó que el sector agroindustrial argentino podría crecer hasta un 90% en la próxima década si se eliminan las
Un informe académico estimó que el sector agroindustrial argentino podría crecer hasta un 90% en la próxima década si se eliminan las
El avance tecnológico en el agro argentino está transformando el trabajo de los contratistas rurales, quienes hoy ocupan un rol clave en la producción de alimentos.
El clima vuelve a ocupar un lugar central luego de varios años marcados por condiciones restrictivas de lluvias en el país.
Un proyecto agrícola orientado a la producción de pistacho en San Juan está atrayendo inversores de distintas provincias argentinas y también del exterior.
Este cultivo es considerado por especialistas como uno de los alimentos con mayor potencial para el futuro, tanto por su productividad como por su valor nutricional.
La elección de la variedad de trigo es una decisión clave al momento de planificar la campaña. Factores como el potencial de rendimiento, el perfil sanitario, la calidad comercial y los aspectos agronómicos permiten definir la estrategia productiva según cada ambiente. Desde INTA Marcos Juárez explican que en zonas de alto potencial se puede priorizar el rendimiento, mientras que en ambientes marginales conviene elegir materiales más estables y de menor costo productivo. En esos casos se busca reducir aplicaciones fungicidas y optar por cultivares con mayor biomasa y buena cobertura. Otro punto central es el diagnóstico del ambiente, especialmente el contenido de agua disponible en el suelo al momento de la siembra. Esa variable permite estimar el rendimiento potencial y ajustar la fertilización. Además, el trigo cumple un rol estratégico dentro de las rotaciones agrícolas, ya que aporta cobertura, mejora la estructura del suelo y ayuda a sostener sistemas productivos más equilibrados.
El sorgo vuelve a ganar lugar en muchos campos argentinos, sobre todo en planteos mixtos y en ambientes donde otros cultivos tienen más riesgo. Un relevamiento de regionales de Aapresid muestra que la superficie se mantiene estable entre 700 mil y 800 mil hectáreas, con picos cercanos al millón de hectáreas en campañas complicadas para el maíz.
Productores y técnicos destacan su rusticidad y su capacidad para sostener rendimientos en lotes difíciles, como bajos anegables o suelos arenosos. En esos ambientes se logran rindes de 3 mil a 4 mil kilos, aunque en mejores condiciones el cultivo puede superar los 6 mil kilos en secano.
En sistemas ganaderos también mantiene un rol fuerte como sorgo forrajero, con producciones cercanas a 50 mil kilos de materia verde para silo.
La mejora genética y el manejo temprano ayudan a reducir problemas como plagas o malezas. Con buena planificación, el sorgo aparece como una alternativa sólida para diversificar rotaciones y estabilizar la producción.
La planificación temprana del manejo de malezas se vuelve cada vez más clave para sostener la productividad agrícola. Especialistas advierten que anticiparse al problema permite diseñar estrategias más eficientes y reducir los costos del control en los cultivos.
El ingeniero agrónomo Eduardo Cortez explicó que cuando el productor actúa antes de la emergencia de las malezas logra mejores resultados técnicos y económicos. En cambio, intervenir cuando el problema ya está instalado reduce las opciones de manejo y aumenta los costos.
Además, planificar con tiempo permite asegurar la disponibilidad de insumos y evitar pagar precios más altos por productos que pueden escasear durante la campaña.
Entre las principales amenazas aparece el avance del yuyo colorado, una maleza que cada año suma resistencia y superficie. También crece la preocupación por distintas gramíneas que empiezan a complicar los planteos agrícolas.
Por eso los especialistas insisten en reforzar el manejo integrado, combinando rotaciones, monitoreo del lote y uso estratégico de herbicidas para anticiparse a los problemas.
El uso de drones en el agro argentino avanza como una herramienta clave para mejorar eficiencia y precisión en un contexto climático cada vez más variable. A diferencia de la maquinaria tradicional, estos equipos permiten retomar aplicaciones inmediatamente después de lluvias, sin depender del estado del suelo, lo que reduce demoras críticas en fertilización o control de malezas. Además de evitar huellas y compactación, optimizan tiempos de trabajo: tareas que antes demandaban varios días pueden completarse en una sola jornada. La tecnología incorpora sensores que permiten operar con mayor exactitud y esquivar obstáculos, favoreciendo aplicaciones más seguras. Especialistas aseguran que el principal valor está en capturar ventanas agronómicas precisas, algo determinante cuando el clima condiciona decisiones. Aunque en Argentina la adopción es menor que en otros países de la región, se espera un crecimiento fuerte en los próximos años impulsado por la necesidad de mayor automatización.
En un contexto de mayor variabilidad climática y presión sanitaria, el girasol vuelve a consolidarse como una alternativa estratégica en los planteos agrícolas. Durante una jornada técnica en el norte bonaerense, se destacó que el cultivo no solo mejora márgenes, sino que aporta estabilidad productiva frente a escenarios restrictivos. Su rusticidad, mejor adaptación al estrés hídrico y buena performance en ambientes variables lo posicionan como una herramienta clave dentro de las rotaciones. Además, el crecimiento del mercado y los niveles récord de molienda refuerzan su atractivo económico. El girasol compite cada vez más con la soja en determinados lotes y mejora la estructura del sistema agrícola al diversificar riesgos. Especialistas señalaron que el desafío actual es ajustar manejo y genética a los nuevos ambientes productivos para capturar todo el potencial. Integrar decisiones técnicas y planificación será fundamental para sostener rindes en campañas climáticamente exigentes.
El presidente Javier Milei afirmó en el Congreso que los rindes de algodón en Chaco rondan los 600 kilos por hectárea, muy por debajo de Brasil. Sin embargo, datos oficiales muestran que en la última década el promedio provincial nunca fue inferior a 1200 kilos y que incluso alcanzó 2134 kilos en la campaña 2017 2018. En las últimas tres campañas los rendimientos bajaron por factores climáticos adversos, mientras que para el ciclo 2025 2026 el área sembrada cayó 30 por ciento por lluvias en siembra y baja rentabilidad proyectada. Pese a ese escenario, el sector muestra avances tecnológicos relevantes. INTA desarrolló en Chaco el cultivar Arandú INTA BGRR IMI, primer algodón del mundo con resistencia a imidazolinonas por mutagénesis, además de tolerancia a estrés hídrico y buena sanidad foliar, próximo a lanzarse comercialmente.