El déficit hídrico que persiste y las repetidas olas de calor han llevado a situación crítica a muchos lotes de soja, de los que ya se evalúa un nuevo destino: que no se cosechen como grano, debido a los magros rendimientos esperados, y destinarlos a reserva forrajera en forma de “silo”. Pero es una decisión que requiere una planificación muy minuciosa: como las variedades sembradas no fueron implantadas con destino forrajero, y el estado fenológico de los cultivos tiene un avance superior al ideal para confeccionar los silos, hay que tomar recaudos para no perder calidad. Al presentar un alto poder buffer, se recomienda picar con contenidos de materia seca cercanos al 40-45%. De esta manera hay un mejor control del proceso fermentativo gracias a la mayor capacidad de las bacterias lácticas de crecer en medios de menor humedad. Esto es clave para lograr una correcta generación de ácido láctico, logrando un rápido e intenso descenso del pH, contribuyendo a la estabilidad de conservación, y evitando el desarrollo de bacterias butíricas que alteran la calidad del alimento y pueden, inclusive generar toxicidad. El principal factor que influye en la calidad del forraje de soja es el estado de madurez fisiológica al momento del corte. En fases de desarrollo R3 y R4, si bien el cultivo presenta vainas y grano en formación, la calidad del silaje está dada por las hojas verdes y tallos digeribles.

